ALAI, América Latina en Movimiento
2002-03-13
ALCA en gotas
Joaquín Rivery
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| Clasificado en: | | Política: Politica, Estado, Legislacion, | Internacional: Internacional, Globalizacion, Integracion, Organismos, Tratados, | Economía: Economia, Desarrollo, Finanzas, Modelos, PoliticasEconomicas, | |
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Español
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La oposición que está levantando el proyecto norteamericano de Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA) es verdaderamente fuerte.
Brasil, la primera economía al sur del río Bravo, ha expresado
objeciones sumamente serias que pesan por su influencia en el entorno
regional. Venezuela tiene un gobierno expresamente opuesto al
neoliberalismo y concretamente al ALCA. El movimiento social
continental contra el plan cobra cada vez más fuerza.
Pero Estados Unidos, el único ganador de aprobarse el ALCA, parece
estar también consciente de esas dificultades y, a la vez que presiona
en las negociaciones colectivas que avanzan lentamente en locales
discretos donde no se siente la presión de los descontentos, está
empleando otra vía para realizar su estrategia de tragarse el
continente completo: los acuerdos bilaterales.
El primer éxito de Washington fue el Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN), concebido y negociado con México y Canadá
incluso antes del lanzamiento del ALCA como estrategia norteamericana
para frenar la posible competencia en la zona de Europa y Japón.
Si el método no continuó rápidamente fue por dificultades internas, por
la necesidad de vencer determinada oposición de algunos sectores
estadounidenses, pero la derecha económica y su representación en el
gobierno de George W. Bush ha ido imponiendo su criterio y su plan.
Ellos tratan de aprovechar el hecho de que en América Latina los
gobiernos no representan realmente a las poblaciones, sino a los grupos
económicos más poderosos, muy interesados en aliarse más estrechamente
con las grandes empresas norteamericanas.
Con Chile las negociaciones para un tratado de libre comercio (TLC) con
Las características del TLCAN y el ALCA han avanzado bastante, los
gobiernos centroamericanos han expresado casi desesperación por que se
acabe de discutir el nuevo convenio y en América del Sur son frecuentes
las voces que claman por acuerdos bilaterales.
El pasado 18 de febrero, el gobierno de Uruguay rechazó que hubiese
críticas en el MERCOSUR por el inicio de negociaciones con Estados
Unidos para la firma de un eventual tratado de libre comercio al margen
del bloque que ese país conforma con Brasil, Argentina y Paraguay.
Dentro del MERCOSUR esto no es nuevo, pues ya había habido roces
anteriores con Argentina debido a la tendencia de los gobiernos del
país austral a negociar directamente con Estados Unidos.
Estas informaciones indican francamente los intentos de Estados Unidos
de torpedear las conversaciones intralatinoamericanas para una
integración regional antes de que se pueda concretar el ALCA. A
Washington le molesta la posibilidad de una América Latina y Caribe
integrados debido a que en esas condiciones tendría que negociar frente
a un solo criterio de mucha más fuerza y más defensor de ideas comunes,
que indudablemente disminuirían las ventajas posibles de un tratado
dictado completamente por intereses norteamericanos.
Otra información en el mismo sentido es el inicio, el próximo 26 de
marzo, de una ronda de negociaciones entre el gobierno de Panamá y
Estados Unidos para un TLC. Sería la segunda sesión después de las
conversaciones ocurridas en diciembre pasado y se efectuarán en
Washington, lejos de toda posible perturbación popular.
Para Estados Unidos, Panamá tiene la ventaja de una economía
dolarizada, sin divisa propia casi desde siempre, con una política
monetaria definida en Washington.
La creciente tendencia de algunos gobiernos a la dolarización, como ha
ocurrido en Centroamérica y en Ecuador y se trata de impulsar en
Argentina, son elementos que forman parte del esquema norteamericano
para una integración-anexión paulatina de todo el continente. No se
puede ver nada por separado en esta gran jugada de Washington por ir
facilitando sus planes.
El MERCOSUR, la Comunidad Andina de Naciones y los intentos de unión
entre ambos pactos subregionales tienen que ser considerados como algo
negativo por Estados Unidos en su práctica de tratar uno por uno con
las naciones de la zona.
Si el ALCA está teniendo oposición como una solución de golpe, hay que
tener cuidado con esta fórmula de ALCA gota por gota que beneficia
únicamente a las grandes empresas transnacionales norteamericanas, que
ya han aprovechado bastante la tendencia privatizadora del
neoliberalismo, la apertura comercial y de flujo de capitales.
Joaquín Rivery - Granma
http://www.alainet.org/active/2202
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